Los 4 grandes mitos de la intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa es una intolerancia muy conocida en la sociedad, pero ¿tenemos una información objetiva? ¿O la información está influenciada por esa «mala fama» de la leche?

Actualmente, las intolerancias alimentarias se consideran un problema creciente en la práctica clínica principalmente por dos razones.  La primera es la cantidad de personas a las que afectan, y la segunda son sus síntomas.

El problema con sus síntomas es que pueden ser muy similares entre distintas intolerancias, lo cual complica el diagnóstico. De hecho, puede complicarse tanto que se puede recibir un diagnóstico erróneo o incluso no recibir ninguno, después de estar años y años con problemas y probablemente visitando a médicos.

Por eso hoy te voy a contar 4 grandes mitos de la intolerancia a la lactosa, y sus respectivas  realidades.

¡Aquí tienes el podcast por si prefieres escuchar en lugar de leer!

 

¡Empecemos!

Tipos de intolerancia a la lactosa

Antes quiero explicarte muy brevemente que hay tres tipos de intolerancia, la primaria, la secundaria y la congénita.

  • La primaria es de causa genética y es irreversible, y suele aparecer en adultos. Se debe a que progresivamente se deja de producir lactasa.

La lactasa es la molécula que se encarga de ayudarnos a digerir la lactosa. Esto lo consigue porque la rompe en dos moléculas más pequeñas (glucosa y galactosa) que nuestro intestino puede absorber.

Entonces sin lactasa, la lactosa no se puede absorber y pasa al colon, donde se fermenta y produce gases que pueden causar los síntomas de malestar asociados. O bien, pueden reabsorberse en el colon y no causar ningún síntoma. Esto último se conoce como malabsorción de la lactosa sin intolerancia.

  • La secundaria es reversible. Se produce cuando por algo puntual la lactosa no puede ser bien absorbida. Por ejemplo, el intestino está dañando debido a alguna cirugía o enfermedades como la celiaquía, y como resultado tiene un déficit de lactasa temporal. También cuando la microbiota intestinal está alterada por algún medicamento o el estrés, entre otros.
  • También hay otro tipo bastante raro, la intolerancia a la lactosa congénita o del desarrollo. Este tipo se da desde el nacimiento, y la causa es que por la genética las personas afectadas no pueden producir nada de lactasa. Se hereda pero los padres pueden ser portadores sin sufrir la enfermedad, solo la sufrirán sus hijos si ambos se la transmiten.
Tipos de intolerancia a la lactosa y cómo se producen los síntomas.

Mito nº1: Somos los únicos mamíferos que bebemos leche después de la lactancia. Por eso es normal que nos siente mal.

Incluso he visto el argumento de que somos los únicos que bebemos leche de otras especies. Vayamos por partes para responder a todo esto.

Cuando una hembra mamífero tiene crías, las alimenta con leche porque les aporta todo lo que necesitan para su desarrollo. Aunque llega un punto que la leche no es suficiente, y las crías ya pueden consumir otros alimentos.

Llegados a ese punto, producir leche es un gasto de energía para la madre, y además sus crías ya no necesitan la leche.

Así que ¿qué sentido tiene que la madre siga produciendo leche? Pero si no lo hace, ¿de dónde van a sacarla sus crías?

Pues como no pueden ir al supermercado como nosotros, no tienen forma de seguir tomando leche. Tampoco beben la de otras especies porque no utilizan la ganadería como hacemos nosotros desde hace unos 10.000 años.

Así que los humanos tenemos acceso a tomar leche de otras especies cuando queramos, y el resto de mamíferos no. Además también somos los únicos que cocinamos, y no por eso pensamos que toda la comida cocinada es mala o nos va a sentar mal.

Vale, entonces ya hemos visto que somos los únicos que consumimos leche y derivados porque somos los que podemos, pero ¿nos sentará mal? Si el cuerpo de los demás mamíferos no está preparado, ¿el nuestro lo está?

La clave de esta cuestión es la genética. 

Genética e intolerancia a la lactosa

Con el inicio de la revolución agrícola, hace unos 7.500 y 10.000 años, surgieron mutaciones en el ADN de los humanos que permiten digerir la lactosa toda la vida.

Estas mutaciones están en el gen MCM6, que es el gen que «controla» la producción de la enzima lactasa (la encargada de que podamos digerir la lactosa). Entonces, las personas que tienen estas mutaciones pueden producir lactasa durante toda la vida.

En cambio, ¿qué ocurre en las personas que no tienen estas mutaciones? Pues que la producción de lactasa disminuye de forma progresiva, y desarrollarán intolerancia a la lactosa (primaria). Aunque como luego veremos hay grados de intolerancia.

En nuestros antepasados, el poder producir lactasa durante la vida adulta confería grandes ventajas. Puesto que les permitía alimentarse de la leche, y además beber en épocas de sequía.

Con la revolución agrícola los humanos con las mutaciones en el gen MCM6 podían utilizar la leche como fuente de nutrientes y agua.

Destacar que las mutaciones en el gen MCM6 han surgido en diferentes ocasiones y en distintas poblaciones, concretamente en poblaciones de origen caucásico y africano. ¿Qué implica esto? Pues que las personas de origen caucásico tienen unas, y las de origen africano tienen otras. Esto es importante que lo mantengas en mente para cuando hablemos de las pruebas genéticas.

 

Mito nº2: Los test de diagnóstico genético determinan si soy intolerante a la lactosa.

Los test de diagnóstico genético permiten saber sí tenemos o no las mutaciones en el gen MCM6, que permiten seguir produciendo lactasa en los adultos.  

Si el análisis concluye que no tenemos esas mutaciones, ¿qué quiere decir? Pues que tenemos predisposición genética a tener intolerancia a la lactosa, y que en algún momento la lactasa disminuirá de forma progresiva.

Pero ¡ojo! no podemos saber si eso ya ha ocurrido u ocurrirá dentro de 5 años (por decir un número).

Es decir, un test genético nos pone en alerta de que tenemos la posibilidad de dejar de producir lactasa y desarrollar intolerancia a la lactosa. De este modo, si tenemos síntomas asociados a la intolerancia, podemos contar con ese dato para llegar a un diagnóstico de forma más certera y rápida.

Pero esto no tiene que confundirse con que el resultado me dice si ya soy intolerante. Porque no es así. Para eso hay otras pruebas como el test de tolerancia a la lactosa o la prueba del aliento del hidrógeno con lactosa.

Tampoco podrán ayudarnos si estamos frente a una intolerancia a la lactosa secundaria.

Preguntas y respuestas sobre los tests genéticos de intolerancia a la lactosa.

Si te realizas uno de estos test, es importante que tengas en cuenta qué mutaciones incluye, si solo las de origen caucásico o también las de origen africano. Porque según los antepasados que tengas has podido heredar unas u otras.

Quiero que te quedes con la idea de que:

El test genético tiene gran valor para identificar a las personas con riesgo de tener intolerancia a la lactosa. Además es  especialmente útil cuando la persona ya presenta síntomas, porque permite descartarla o seguir en esa línea de diagnóstico.

Pero por sí mismo, no nos permite saber si ya se ha desarrollado la intolerancia, o si lo hará en el futuro.

Mito nº3: Si al beber leche me encuentro mal soy intolerante, así que voy a dejar de tomar lácteos.

En este apartado voy a mencionar dos artículos científicos y te dejaré sus links al final del post. Voy a estructurarlo en dos partes, en el autodiagnóstico y en dejar de tomar lácteos.  

Autodiagnóstico de intolerancia a la lactosa

No es raro que la gente piense que le sientan mal los lácteos, probablemente en muchos casos sea cierto, pero tal vez no se deba a ser intolerante a la lactosa.

Puede ser que tu microbiota intestinal esté alterada por estrés o algún medicamento,  que tengas otras patologías que dañen el intestino como la celiaquía y eso hace que te siente mal; o simplemente que según que lácteos y horas del día te sienten menos bien por diferentes causas.

Voy a demostrarte con un estudio científico publicado en 2010, por qué sentir los síntomas de la intolerancia puede ser subjetivo, y no deberse a ser intolerante.

En 2010 se publicó un artículo científico sobre la percepción subjetiva de los síntomas de intolerancia a la lactosa con 353 pacientes. En este estudio se hacía que los pacientes comieran lácteos en casa y respondieran a un cuestionario sobre sus síntomas. Después realizaban el mismo cuestionario tras realizarse una prueba de tolerancia a la lactosa.

¿Qué encontraron? Que los que no eran intolerantes valoraban de forma diferente los síntomas. Cuando estaban en casa los sentían más que estando en el médico tras la prueba. Incluso los intolerantes tendían a sentir más los síntomas en casa. Te dejo la gráfica que reflejaba esto.

Subjetividad de los síntomas de intolerancia a la lactosa. Columnas negras: síntomas de ingesta de lácteos en casa. Columnas blancas: síntomas tras el test de tolerancia. Estudio de Casellas et al., 2010.

Entonces aquí tenemos la primera parte del mito, basar un autodiagnóstico en los síntomas es un error porque puede ser subjetivo. Además, pueden ser síntomas de otras cosas que vamos a pasar por alto al estar convencidos de que es intolerancia a la lactosa.

Antes de pasar al siguiente apartado me gustaría contarte otro estudio. En 2015 se publicó un artículo científico en el que se comparaba como manejan la intolerancia a la lactosa los médicos de atención primaria y los especialistas en digestivo.

Una diferencia destacada entre ambos grupos, fue que los médicos de atención primaria consideran como síntoma de alta sospecha el malestar tras la ingesta de lácteos que dice tener el paciente. En cambio, los especialistas no lo consideran importante.

Es decir, que puedes ir al médico a contarle tus síntomas después de ingerir lácteos y que tengan sospecha de que tienes intolerancia. Entonces la prueba más habitual es que retiren de la dieta este tipo de alimentos y ver cómo te encuentras. A partir de ahí pueden ocurrir tres cosas:

  • Si tus síntomas son subjetivos… Puedes encontrarte mejor al hacer eso y “confirmar” tu intolerancia a la lactosa.
  • También puede ocurrir que tengas síntomas de verdad, pero que tu intolerancia sea secundaria (es decir, es una intolerancia puntual y que es reversible). En este caso puedes dejar los lácteos para siempre, cuando es algo transitorio.
  • Por último, puede que los síntomas sean reales pero que no notes una mejoría. Esto puede deberse a que seas intolerante de verdad. El problema es que hay más alimentos con lactosa, a parte de los lácteos, que puedes seguir incluyendo en tu dieta por desconocimiento de que tienen lactosa.

Dejar de tomar lácteos

Acabo de contarte que hay más alimentos a parte de los lácteos que tienen lactosa, y que pueden seguir sentándote mal si eres intolerante.

Así que la solución de dejar de tomar lácteos a veces no es suficiente.  Esto puede llevar a que se descarte la intolerancia a la lactosa como causa de los síntomas, y seguir intentando llegar a un diagnóstico. Lo que se puede traducir en años de visitas a médicos y malestar, cuando se diagnosticó bien al principio.

Ahora voy a contarte la otra cara de la moneda, y es que hay grados de intolerancia. Ser intolerante no quiere decir siempre que tengas que dejar de comer todo lo que lleve lactosa.

La pérdida de la lactasa (esa encargada de digerir la lactosa) es progresiva. Por eso la gravedad de los síntomas varía entre personas, porque hay umbrales de tolerancia.

Entonces, puede que seas intolerante a la lactosa, pero puedas tomar ciertas cantidades de lactosa. Aunque hay gente que no puede tomar nada de nada, otros sí.

Así que estas personas que toleran ciertas cantidades pueden seguir beneficiándose de comer productos lácteos. Por ejemplo el queso, que tiene concentrados todos los nutrientes de la leche y tiene más calcio.

De hecho, las personas intolerantes a la lactosa suelen ingerir cantidades insuficientes de calcio y vitamina D, lo cual puede causarles problemas de salud.

Mito nº4: Comer lácteos es malo para la salud, así que es normal que nos siente mal y es mejor que no los tengas en tu dieta.

Ya hemos visto que a los humanos no tienen por qué sentarnos mal los lácteos, porque nuestro ADN puede tener mutaciones que nos permitan digerir la lactosa.

Respecto a que son malos para la salud, este tema puede dar para mucho. Así que te dejo el enlace de una guía de 2017 en el que explican de forma muy completa, pero ligera, todos los beneficios de los lácteos y todo lo que te voy a contar en este apartado.

También dedican en esta guía un capítulo a hablar sobre consumo de lácteos en situaciones especiales, en el que se explica la relación de los lácteos con el riesgo de cáncer y otras patologías. A mí me gustaría destacar brevemente puntos importantes de esta parte. Todos los estudios al respecto podéis encontrarlos en la guía.

El consumo de lácteos es favorable para el control del peso corporal, la reducción de la tensión arterial y la disminución del riesgo cardiovascular. También algunos lácteos fermentados, junto con un estilo de vida saludable, se han asociado con la prevención de la diabetes tipo 2.

Respecto al cáncer, es cierto que algunos estudios en el pasado sugerían que los lácteos podían aumentar el riesgo de desarrollarlo. Pero estudios más recientes no apoyan esta afirmación.

En el cáncer de pulmón y el gástrico, parece que los lácteos no aumentan el riesgo a sufrirlos. En el cáncer de ovarios, parece que tomar yogur, leche entera o desnatada tampoco aumenta el riesgo. Algunos estudios, incluso sugieren un efecto protector respecto al cáncer colorrectal y de vejiga, aunque el efecto en el de vejiga es menos claro.

En el cáncer de próstata sí parece que los lácteos aumenten el riesgo. No obstante, los autores del estudio sugieren que este efecto no es debido a la grasa y al calcio de los lácteos, y que otros componentes puedan ser los causantes.

En suma, los lácteos son nutricionalmente valiosos. La leche es el primer alimento que tenemos y aunque posteriormente se va reduciendo su consumo, es recomendable mantenerlo.

También es cierto, que si prefieres no consumirlos, tampoco son indispensables. Porque todos sus nutrientes los puedes encontrar en otros alimentos, pero corremos el riesgo de tomar la cantidad insuficiente como hemos visto con el calcio y la vitamina D en intolerantes.

10 respuestas a «Los 4 grandes mitos de la intolerancia a la lactosa»

  1. Me ha encantado!!!!! Gracias por hacer que el entendimiento de cualquier tema a tratar sea fácil, muy pocas personas son capaces de eso. Información muy necesaria. Gracias!!!!

    1. La verdad que este no me ha resultado fácil de hacer, por eso me alegra mucho ver que te ha resultado sencillo de entender. Así que gracias a ti por tu comentario!

  2. He aprendido mucho gracias a la información del blog ya que creía en algunos de estos mitos y me ha servido mucho de ayuda. Además, ha sido ameno de leer, como todos los demás por su lenguaje y su forma de explicar estos temas que pueden resultar difíciles para muchas personas.
    Estoy esperando el siguiente!

    1. Gracias! Si suelen ser temas que, sino te metes de lleno a estudiarlos, pueden ser fáciles de creer. La verdad que hago un esfuerzo en que queden así, por eso te agradezco que me hagas saber tu opinión. Y yo espero seguir teniéndote por aquí!

    1. Hola Luz, muy buena pregunta. No, no hay una edad. Digamos que cada persona es un mundo, y como además también entran en juego otros factores como la microbiota o la cantidad de lactosa que ingerimos (porque igual alguien intolerante toma pocos lácteos y no le sientan mal, y por eso no sabe que es intolerante hasta a saber cuándo o quizás nunca llega a saberlo).

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