Inteligencia – ¿Cuánto influye la genética?

Publicado el 7 de febrero de 2021

Nerea Castillo

La inteligencia es la habilidad para aprender, razonar y resolver problemas. Es decir, que es mucho más que logros académicos.

Esta habilidad permite adaptarse a nuevas situaciones, afrontar desafíos y tareas más o menos complejas. Así que, se necesita poner en práctica continuamente en el día a día.

Siempre se ha sabido que la inteligencia es un rasgo heredable. Sin embargo, durante mucho tiempo se pensó que se debía a que personas de una misma familia, comparten un mismo ambiente.

¿Pero se debe solo al ambiente? Actualmente, se sabe que no. Ahora, el reto es descifrar qué porcentaje del resultado final se debe a la genética o al ambiente, y cómo ejercen su influencia.

La paradoja es que la inteligencia tiene una alta heredabilidad, pero también es moldeable.

Aquí tienes el podcast por si prefieres escuchar en lugar de leer.

¡Empecemos!

Influencia de la genética en la inteligencia

¿Cómo puede saberse si la genética influye en un rasgo tan complejo?

Los estudios que evidenciaron que la genética jugaba un papel importante en la inteligencia fueron estudios en familias, en gemelos y mellizos, y estudios de adopción.

Con ellos, fue posible hacer comparaciones en situaciones con misma/diferente genética, mismo/diferente ambiente.

Estos estudios revelaron que las diferencias genéticas son responsables aproximadamente del 50% de las diferencias observadas en la inteligencia entre individuos.

Es decir, que la heredabilidad de la inteligencia es en promedio del 50%.

Estos resultados condujeron al siguiente reto, ¿qué genes y qué variantes genéticas están asociados a la inteligencia?

Las variantes genéticas que propusieron estudiar fueron los SNPs ─cambio de «una letra» en la secuencia del ADN─, puesto que además son variantes comunes en la población. 

Un SNP es un cambio en una sola "letra" de las que componen la secuencia del ADN que está presente en más del 1% de la población.

Durante casi dos décadas, la búsqueda fue desalentadora porque no se encontraban resultados consistentes. 

Se llevaron a cabo más de 100 estudios de genes candidatos y siete GWAS ─estudios que analizan el genoma completo─. Sin embargo, sus resultados solo permitían predecir el 1% de la varianza. 

Aunque, con ello se hizo un gran avance. Pudieron observar que, en promedio, cada variante genética detectada tenía un efecto del 0.005%. Es decir, que se necesitaba encontrar 10.000 SNPs para explicar el 50% de las diferencias en la inteligencia que se atribuyen a la genética.

Para poder detectar estas variantes había que hacer estudios que incluyeran más de 250.000 personas. No obstante, hasta la fecha se habían incluido “solamente” 18.000 – 54.000 participantes. Cifras que parecían suficientemente altas, pero que no lo eran.

En el 2016, un análisis de resultados de varios GWAS permitió tener en cuenta datos de 294.000 personas. De este modo, se identificaron 74 regiones genéticas que se asociaban con la inteligencia. 

Por otro lado, los resultados preliminares de un análisis con más de 1 millón de participantes, han identificado 1000 regiones.

Como mucho los resultados conocidos permiten explicar el 10%, lo cual queda lejos del 50% estimado.

¿Puede ser ese 50% un error? La verdad es que esta diferencia de porcentajes ocurre en más rasgos complejos como la estatura y el índice de masa corporal. Esta diferencia recibe el nombre de “heredabilidad perdida”.

La heredabilidad perdida es el porcentaje de heredabilidad estimada que falta por explicar en base a las variantes genéticas identificadas.

Parece que esto ocurre porque los estudios siguen teniendo limitaciones.

Una es que centrarse en SNPs facilita el análisis, pero hace que se pierda información. En este sentido, se podrían hacer estudios que incluyeran variantes raras.

También es que la genética y el ambiente están interrelacionados, y esa relación puede ser el kit de la cuestión. Esto también explicaría que la inteligencia sea un rasgo altamente heredable y a la vez moldeable.

La genética y el ambiente están interrelacionados

La interrelación entre la genética y el ambiente incluye dos conceptos: correlación e interacción. Veamos a que hace referencia cada uno de ellos.

Para entender bien las diferencias entre ambos, utilizaré un ejemplo del artículo “The paradox of intelligence: heritability and malleability coexist in hidden gene-environment interplay” (enlace).

Correlación gen – ambiente:

Según la genética se tiene una mayor o menor predisposición a escoger determinados ambientes y experiencias, las cuales influyen en los rasgos.

Supongamos que existen variantes genéticas que predisponen a tener mejores habilidades musicales. Supongamos también que los niños que tienen estas variantes, tienden a tener padres que también las tienen y que disfrutan con la música.

Es probable, que estos niños crezcan en un ambiente que en el que la música esté presente en diferentes formas, como hablar sobre ella, asistir a conciertos o a clases. Es decir, un ambiente que facilite que tengan interés por el tema y que mejoren sus habilidades. 

También es probable que muestren habilidades en el colegio, y que se les sugiera asistir a clases de música, o que tengan amigos que les animen y ayuden a practicar.

Por otro lado, también podría ocurrir que tuviera mayor preferencia por pensar en la música como componer canciones en su imaginación o decidir escuchar con atención algunas melodías.

Todo ello, mejoraría sus habilidades musicales. Además, todo ello es más probable que ocurra en estos niños que en aquellos que no tienen una genética que favorezca sus habilidades.

Interacción gen – ambiente:

El efecto del ambiente depende de la genética.

Continuando con el mismo ejemplo de habilidades musicales.

Una niña con habilidades musicales puede escuchar una canción y prestar atención a su complejidad y a la profundidad de la letra, mejorando sus habilidades. En cambio, otra niña sin esas habilidades, escucharía la misma canción y no prestaría atención a esas cosas.

Es decir, que estas dos niñas vivirían una misma experiencia de distinto modo por sus diferencias genéticas, lo que a su vez influiría en sus habilidades.

La implicación de todo esto, es que hay rasgos muy influidos por la genética pero que también pueden ser moldeables porque la genética y el ambiente están interrelacionados.

Lo complicado de incluir en los estudios esta interrelación, es que se desconocen cuáles son estas asociaciones; o bien, no se sabe cómo cuantificarlas para poderlas tener en cuenta. Entonces, se tienen en cuenta como influencia genética solamente, sobreestimando este valor.

Evidencias de cómo el ambiente puede moldear la inteligencia

Hay estudios sobre cómo determinadas circunstancias moldean la inteligencia.

Entre ellos se encuentran la adopción e inmigración, el estatus socioeconómico, el paso de los años, el desarrollo de la sociedad, el declive cognitivo con el envejecimiento, y la educación.

Veamos algunos ejemplos.

La educación moldea la inteligencia

Un estudio se centró en evaluar si programas que promovieran las llamadas funciones ejecutivas en niños de 4-12 años, mejoraban el rendimiento académico. 

Las funciones ejecutivas son actividades complejas y en estos programas se incluían estudios más desafiantes, juegos y práctica de la atención plena.

Los autores encontraron que sí, que había una asociación entre este programa y la mejora en el rendimiento.

Curiosamente, en general los participantes con un estatus socioeconómico menor, tenían inicialmente un menor desarrollo de estas funciones. Sin embargo, se beneficiaban más de este programa que los que tenían más desarrolladas esas habilidades o tenían un estatus socioeconómico mayor.

Sin embargo, en otro estudio vieron que estos beneficios no se mantenían mucho tiempo después de haber finalizado el programa, puesto que los participantes dejaban atrás el entorno desafiante para regresar del que provenían.

Esto no quiere decir que no sirvan de nada, sino al contrario. Estos resultados subrayan la necesidad de ofrecer oportunidades que permitan mejorar continuamente aquello que, de no ser así, quedaría en una mejora momentánea.

La heredabilidad de la inteligencia aumenta con los años

La heredabilidad de la inteligencia aumenta con el paso de los años. Es decir, que la proporción de varianza observada en la inteligencia de una población que se atribuye a la genética, aumenta.

A los 4-5 años se estima que es del 22%, a los 16 años es del 62% y alcanza el 80% entorno los 50 años.

Detrás de este aumento está la interrelación genética – ambiente que hemos tratado antes. Personas con un determinado coeficiente intelectual (CI) se sentirán más atraídas por determinadas actividades, y además, las podrán vivir de forma diferente a aquellos que tienen otro CI.

La heredabilidad de la inteligencia aumenta con los años.

Estudios de adopción e inteligencia

Los estudios de adopción tienen un gran potencial para estudiar el efecto del ambiente. La adopción cambia por completo el ambiente de la persona adoptada. Entorno familiar, escuela y vecindario, son cambios drásticos.

Un análisis de 75 estudios ─que incluyó 3800 niños de 19 países─, se llevó a cabo para comparar si el vivir en orfanatos o vivir con familias adoptivas marcaba una diferencia en el CI.

En promedio, los niños que vivían en el orfanato tenían un CI de 16.5 puntos menos que sus compañeros adoptados. Esta diferencia aumentaba en países menos desarrollados y disminuía en países más desarrollados.  

Un resultado coherente con que la educación y una buena nutrición se asocien con mejoras en el CI.

Los estudios de adopciones internacionales tienen mucho más potencial puesto que el cambio del entorno es más drástico.

A este respecto, un análisis de 62 estudios ─que incluyó 18.000 niños adoptados internacionalmente─ reveló que, años después, los niños aumentaban en promedio 17.6 puntos su CI si se comparaban con sus hermanos biológicos u otros niños no adoptados. En cambio, si se comparaban con los niños de su nuevo entorno, no se encontraban diferencias significativas.

Conclusiones

Las diferencias genéticas entre individuos son las responsables de, en promedio, el 50% de la varianza observada en la inteligencia.

Descifrar qué genes y variantes genéticas están asociadas con la inteligencia es complicado por varias razones.

Una es el elevado número de personas que tienen que incluirse en los estudios. Otra, es que las técnicas utilizadas incluyen variantes comunes solamente. La tercera razón a destacar es la interrelación entre la genética y el ambiente.

Esta interrelación hace que la inteligencia sea moldeable, además de ser altamente heredable.

Es decir, que la genética influye en las experiencias y situaciones que vive cada persona, lo que a su vez influye en la inteligencia.

El hecho de que la inteligencia sea moldeable a través del ambiente, se ha podido comprobar en diferentes tipos de estudios como los de adopción o de programas de educación.

Para acabar, te dejo los enlaces de dos artículos científicos muy interesantes sobre el tema:

The paradox of intelligence: Heritability and malleability coexist in hidden gene-environment interplay.

The new genetics of intelligence.

Por último, si te ha interesado el tema de que la genética influye en nuestras experiencias, te dejo el link a un artículo que te sorprenderá:

¿Existe un vínculo genético entre amigos?

 

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